Josefina Rodríguez Zamora
Por Alfredo Espinola
En el estado de Coahuila, al norte de México, los paisajes desérticos, las montañas y los horizontes abiertos cuentan historias que comenzaron mucho antes de que los seres humanos aprendieran a cultivar la vid. Hoy en día, este extraordinario patrimonio natural convive con una tradición vinícola que ha encontrado en la región una fuente de identidad y una oportunidad para atraer a viajeros interesados en descubrir algo más que un simple destino.
Esta experiencia tiene un nombre propio: «Vinos y Dinos», una ruta que une dos de los mayores tesoros de Coahuila: sus vinos y el patrimonio paleontológico que nos descubre la vida de los dinosaurios que habitaron esta región hace millones de años.
Esta experiencia ofrece una forma diferente de explorar la región. Aquí, una visita a una bodega puede convertirse en el punto de partida de un viaje a través de la historia de la Tierra; una copa de vino puede despertar la curiosidad por el paisaje que ha hecho posible su elaboración; y cada parada ofrece una nueva perspectiva sobre la riqueza cultural, natural y productiva de la región.
Es una invitación a descubrir Coahuila a través de sus contrastes: el trabajo paciente de quienes cultivan las viñas frente a la inmensidad del tiempo geológico; las tradiciones transmitidas de generación en generación frente a los vestigios de una vida que existió hace millones de años.
Una región donde el vino tiene profundas raíces
La historia de Vinos y Dinos comienza en una tierra que ocupa un lugar especial en el desarrollo de la enología mexicana.
Coahuila cuenta con unas 40 bodegas registradas, 22 de las cuales están abiertas al público. Estas bodegas ofrecen a los visitantes la oportunidad de conocer diferentes formas de elaborar vino, descubrir paisajes contrastados y aprender sobre el trabajo que hay detrás de cada botella.
Uno de los puntos destacados de este recorrido es Parras de la Fuente, una localidad famosa por su tradición vinícola y por ser la sede de Casa Madero, fundada en 1597 y considerada la bodega más antigua de América.
Pero la historia del vino de Coahuila no se limita a sus raíces históricas. En el estado, las condiciones únicas de cada región, los microclimas y la diversidad de sus paisajes han contribuido al desarrollo de una amplia gama de productos que abarca desde bodegas de larga tradición hasta proyectos que exploran nuevas posibilidades en la elaboración del vino.
Parras, Arteaga, Saltillo, General Cepeda y Ramos Arizpe forman parte de esta experiencia de enoturismo. Cada zona ofrece un entorno único para descubrir el vino y comprender la relación entre la tierra y quienes la trabajan.
Entre las bodegas y fincas vitivinícolas que forman parte de la ruta se encuentran Casa Madero, Viñedos Don Leo, Bodega Rivero González y BarroViejo, en la comarca de Parras; Bodega Los Cedros y Bodegas del Viento, en Arteaga; Guidova, en la Sierra de Arteaga; Hacienda Florida, en General Cepeda; Vino San Juan de la Vaquería, en Saltillo; así como Vinícola Rancho El Fortín, Hacienda El Marqués y Vinícola Parvada.
Cada una de ellas contribuye, a través de su propia historia y de sus productos únicos, a poner de relieve la diversidad del sector vitivinícola del estado.
Durante una visita de trabajo a Coahuila, Josefina Rodríguez Zamora, secretaria de Turismo de México, acompañada por Cristina Amezcua González, secretaria de Turismo del estado, visitó diversos lugares que reflejan el potencial turístico del estado, entre ellos el viñedo Guidova.
La visita puso de relieve el valor de una oferta que combina el vino con otros atractivos regionales. El objetivo es ampliar los motivos para visitar Coahuila y ofrecer experiencias que acerquen a los viajeros a la naturaleza, la gastronomía, la cultura y las comunidades del estado.
Sin embargo, lo que distingue a esta ruta es que la experiencia no termina al salir del viñedo.
Cuando el vino se encuentra con los dinosaurios
La idea que subyace a «Wines and Dinos» es tan sencilla como fascinante: sacar partido de dos elementos patrimoniales que, aunque pertenecen a épocas radicalmente diferentes, comparten el mismo escenario.
Por un lado, están los viñedos, donde el saber hacer, el clima y el trabajo humano se combinan para transformar las uvas en vino. Por otro, los fósiles y los yacimientos paleontológicos, que nos permiten reconstruir la historia de las especies que habitaron la región mucho antes de que existieran las primeras comunidades vitivinícolas.
Hace aproximadamente 72 millones de años, durante el período Cretácico, algunas zonas de lo que hoy es Coahuila presentaban unas condiciones ambientales muy diferentes a las actuales. La región formaba parte de un paisaje caracterizado por entornos costeros y una biodiversidad que dejó su huella en los restos fósiles descubiertos a lo largo del tiempo.
Es precisamente esta riqueza histórica la que da sentido a la ruta.
Para conectar estos dos mundos, el proyecto incorporó réplicas de dinosaurios en los viñedos participantes, que representan especies cuyos restos se han hallado en Coahuila. El resultado es una experiencia que aporta un componente educativo y visual a la visita enoturística, al tiempo que despierta la curiosidad de públicos de todas las edades.
Esta iniciativa permite a los visitantes pasar de contemplar el paisaje a explorar su pasado. El terreno deja de ser simplemente el lugar donde crecen las vides y se convierte, en cambio, en un archivo natural que conserva vestigios de otras épocas.
Gran parte del atractivo de «Wines and Dinos» reside en esta convergencia. No se trata simplemente de aunar dos temas llamativos, sino de establecer una conexión entre la identidad productiva actual de la región y el patrimonio natural que la define.
Para quienes buscan experiencias únicas, la ruta ofrece la oportunidad de descubrir Coahuila desde una perspectiva que combina turismo, ciencia, gastronomía y cultura.
Saltillo: una ventana a millones de años de historia
Para comprender la dimensión paleontológica de esta experiencia, una parada imprescindible es el Museo del Desierto de Saltillo.
Este museo ofrece una visión detallada de la evolución de la vida, presenta a los visitantes los dinosaurios que en su día habitaron la región y explora la biodiversidad de los ecosistemas desérticos. Sus exposiciones ayudan a situar los hallazgos paleontológicos en un contexto histórico mucho más amplio: el de los cambios geológicos y biológicos que dieron forma a la región.
Más que un simple complemento de la ruta, el Museo del Desierto ofrece las claves para comprender por qué el pasado natural de Coahuila es uno de sus mayores atractivos.
De este modo, «Wines and Dinos» va más allá de la experiencia tradicional del enoturismo. El recorrido no se limita a visitar una bodega o a degustar sus vinos, sino que también te invita a descubrir el entorno natural que hace que la región sea única.
Dos itinerarios, múltiples paisajes
La vasta extensión geográfica de Coahuila permite que la ruta abarque una gran variedad de entornos. Los viñedos se extienden por zonas desérticas, valles y regiones montañosas, donde las condiciones ambientales confieren a cada paisaje un carácter propio y distintivo.
En términos generales, la ruta se puede dividir en dos entornos principales: el desierto y las montañas.
La ruta por el desierto cuenta con llanuras, formaciones geológicas, restos fósiles y bodegas históricas. En esta parte de la región, el paisaje invita a detenerse y observar cómo el tiempo ha moldeado el terreno.
La ruta de montaña, por su parte, conduce a regiones de mayor altitud, bosques templados y viñedos rodeados de paisajes montañosos. Arteaga y sus alrededores ofrecen una perspectiva diferente de Coahuila, donde la vegetación, la altitud y las condiciones climáticas aportan nuevos matices a la experiencia.
Esta diversidad es uno de los aspectos más interesantes del enoturismo en Coahuila. Los visitantes no se encuentran con un único paisaje vitivinícola, sino con una sucesión de entornos que les permiten descubrir la amplitud geográfica del estado.
El recorrido también ofrece la oportunidad de complementar las visitas a las bodegas con experiencias gastronómicas, actividades culturales y encuentros con las comunidades locales. De este modo, el vino actúa como hilo conductor que une los diferentes aspectos de la vida regional.
Una copa de vino, millones de años de historia
Algunos destinos son recordados por sus paisajes. Otros, por su gastronomía o por la historia que se conserva en sus calles. Coahuila ofrece la oportunidad de combinar todas estas experiencias en un único viaje.
En sus viñedos, los visitantes descubren el trabajo de quienes cultivan las vides, elaboran los vinos y mantienen viva una tradición que forma parte de la historia de la enología mexicana. En sus museos y yacimientos paleontológicos, se encuentran con vestigios de un mundo lejano que sigue planteando interrogantes sobre la evolución de la vida y la transformación del planeta.
«Vinos y dinosaurios» te invita a explorar esta región desde una perspectiva más amplia, que reconoce que el vino no existe de forma aislada, sino que forma parte de una relación entre la tierra, el clima, el saber y las personas que la habitan.
En Coahuila, el pasado y el presente comparten el mismo paisaje. Las bodegas narran historias de tradición, esfuerzo y evolución; los fósiles revelan un capítulo mucho más antiguo, escrito millones de años antes de que la primera botella saliera de una bodega.
Y quizá esa sea la mayor virtud de «Vinos y Dinos»: recordarnos que detrás de cada paisaje hay una historia y que, a veces, basta con una sola copa de vino para empezar a descubrirla.