Por Alfredo Espinola
En un país en el que compartir una copa suele ser un gesto de hospitalidad, celebración y pertenencia cultural, hablar del consumo responsable de alcohol sigue siendo un tema delicado. En México se brinda, se celebra y se socializa en torno al alcohol, pero rara vez se hace una pausa para reflexionar sobre cómo hacerlo mejor.
Para Panambí Garcés, directora de la Comisión de la Industria del Vino y las Bebidas Espirituosas (CIVYL), ese silencio cultural es precisamente el punto de partida del «Decálogo del buen bebedor», una iniciativa impulsada por las once principales empresas de bebidas alcohólicas del país, cuyo objetivo no es desalentar el consumo, sino promover una nueva cultura basada en la responsabilidad, el respeto y la armonía social.
«Nuestro negocio consiste en vender bebidas alcohólicas», reconoce con total claridad. «Pero nuestra responsabilidad es crear herramientas que permitan a las personas tomar mejores decisiones».
La iniciativa surgió a raíz de una pregunta aparentemente sencilla: ¿Cómo consumen alcohol los mexicanos y qué comportamientos hemos normalizado que, en realidad, nos impiden mantener una interacción social saludable?
La respuesta dio lugar a diez principios prácticos, diseñados para que se recuerden y se apliquen en la vida cotidiana. El proyecto aúna la experiencia de empresas como Bacardi, Brown-Forman, Campari, Casa Cuervo, Diageo, Pernod Ricard, Suntory Global Spirits, Pedro Domecq y otros actores clave del sector, todos ellos con un objetivo común: fomentar un debate público sobre el consumo responsable de alcohol.
Acabar con el estigma
Para Garcés, uno de los principales logros de la campaña ha sido desmontar la idea de que hablar del alcohol implica necesariamente una condena moral.
«En México existe una contradicción constante: consumimos alcohol, pero evitamos hablar abiertamente de ello», explica. «El primer paso es comprender que el debate no debe centrarse en la prohibición, sino en aprender a convivir mejor».
La respuesta de los consumidores, los propietarios de restaurantes, los hoteleros e incluso los organismos públicos ha sido positiva. Según él, la campaña ha tenido buena acogida porque ofrece herramientas prácticas, sin caer en la retórica moralizante.
Lo que nunca debería normalizarse
Aunque el Decálogo del Consumo Responsable de Alcohol está dirigido a los consumidores adultos, Garcés hace hincapié en dos principios innegociables: la prohibición del consumo de alcohol por parte de los menores y la abstinencia total durante el embarazo y la lactancia.
«Las pruebas científicas actuales son claras: no existe un nivel seguro de consumo de alcohol durante el embarazo», señala.
Además, cuestiona una práctica cultural muy arraigada: permitir que los adolescentes prueben el alcohol bajo la supervisión de la familia con la idea de que así aprenderán a beber de forma responsable.
«No es una buena práctica. El cerebro de los adolescentes aún se está desarrollando, y el alcohol afecta directamente a los procesos de toma de decisiones».
Aprender a beber
El primer principio oficial del Decálogo aborda un comportamiento habitual en la cultura mexicana: la presión social para beber.
«Es fundamental respetar a quienes deciden no beber alcohol», afirma Garcés. «Nadie debería sentirse presionado a beber solo para encajar o socializar».
A partir de ahí, el decálogo ofrece recomendaciones que, aunque parecen sencillas, están respaldadas por pruebas científicas y la experiencia social: alternar cada bebida alcohólica con un vaso de agua, comer algo antes y mientras se bebe, conocer los propios límites y evitar situaciones de riesgo.
Entre las recomendaciones más concretas, la campaña sugiere no superar las cuatro bebidas por ocasión en el caso de los hombres y las tres en el de las mujeres, además de recordar a la población que el cuerpo necesita aproximadamente una hora para metabolizar cada bebida estándar.
«El problema surge cuando normalizamos comportamientos como beberse varios chupitos en pocos minutos o perder por completo la noción de lo que ha pasado durante una noche de fiesta», explica.
Para el director de CIVYL, el objetivo no es restar diversión, sino preservar la experiencia social sin poner en peligro la seguridad ni la dignidad personal.
Un decálogo concebido para perdurar
Aunque la iniciativa ha ganado visibilidad durante la actual temporada de la Copa del Mundo, Garcés aclara que el proyecto se puso en marcha mucho antes y que se concibe como una estrategia a largo plazo.
«La educación sobre el consumo responsable de alcohol no puede limitarse a una campaña puntual», sostiene.
La Ciudad de México ha adoptado recientemente el «Decálogo de la buena bebida» como parte de sus estrategias para fomentar la convivencia armoniosa durante eventos a gran escala, y otras instituciones han comenzado a replicar este modelo para abordar diversas formas de comportamiento público.
La campaña también se ha llevado a cabo en Guadalajara, en colaboración con la Cámara Nacional de la Industria del Tequila, mediante la distribución de material informativo en restaurantes y bares.
El futuro del consumo de alcohol en México
Cuando se le pregunta cómo ve el futuro del consumo de alcohol en el país, Garcés se muestra optimista.
«Nos enfrentamos a unos consumidores cada vez más informados y exigentes», afirma. «La gente quiere saber qué es lo que bebe, cómo se elabora y de dónde proceden los productos».
En su opinión, esta evolución beneficiará tanto a las grandes marcas internacionales como a la creciente variedad de bebidas con una identidad regional mexicana bien definida: el tequila, el mezcal, el sotol, la raicilla, la bacanora, la charanda y, por supuesto, el vino mexicano, cuya producción se extiende actualmente por dieciocho estados de todo el país.
«Prácticamente todas las regiones de México tienen una aptitud natural para producir una bebida con su propia identidad», reflexiona. «Si logramos combinar el desarrollo económico con la educación y la responsabilidad, el futuro será extraordinario».
Los diez mandamientos para beber bien
1. Incluye a todo el mundo, tanto si beben como si no.
2. Saber cuándo seguir adelante y cuándo parar.
3. Disfruta de la noche y vuelve a casa sano y salvo.
4. Alterna una bebida alcohólica con un vaso de agua.
5. Consúmelo con moderación.
6. Come antes y mientras bebes.
7. Mantén viva la conversación; no dejes que se apague.
8. Evita las situaciones de riesgo.
9. Cuidemos de quienes están con nosotros.
10. No pierdas el control.
En un país donde brindar es un lenguaje universal, quizá el verdadero reto no sea dejar de celebrar, sino aprender a hacerlo mejor.
