En la rueda de prensa sobre el Día del Vino Mexicano: De izquierda a derecha: Raúl Perea Jasso, licenciado, director de desarrollo de eventos, en representación del Ministerio de Turismo; Claudia Ramírez, presidenta ejecutiva de Canirac; Salomón Abedrop, presidente del Consejo Mexicano del Vino; Ricardo Espíndola, sumiller y embajador del vino mexicano; Javier Casillas, productor y colaborador del Consejo Mexicano del Vino
Por Alfredo Espinola
Con más de 550 proyectos vitivinícolas en 17 estados y 39 de cada 100 botellas consumidas en México de producción nacional, el sector llega al Día del Vino Mexicano con una historia que va mucho más allá de la copa.
Hay algo especial en abrir una botella de vino.
Primero se oye el chasquido del corcho. A continuación, el vino se vierte lentamente en la copa. El color, el aroma, el primer sorbo.
Pero antes de llegar a ese momento, había una cosecha, la tierra, la gente que trabajaba en los campos y una bodega que transformaba las uvas en algo destinado a acompañar una comida y, a menudo, a formar parte de una experiencia.
Esa historia se está volviendo cada vez más mexicana.
El 7 de octubre, México celebrará el Día del Vino Mexicano, una fecha que rinde homenaje a un sector con más de cinco siglos de historia y que hoy en día ocupa un lugar cada vez más destacado en la agricultura, la gastronomía, el turismo y las mesas del país.
Las cifras ayudan a ilustrar la magnitud de este crecimiento.
En la actualidad, 39 de cada 100 botellas de vino que se consumen en México son de producción nacional. Existen más de 550 proyectos vitivinícolas en 17 estados productores de vino, mientras que 9.477 hectáreas se dedican al cultivo de uva de vinificación.
La cadena de producción genera además más de 500.000 días de trabajo, lo que convierte al sector vitivinícola en la segunda mayor fuente de empleo del sector agrícola, según datos del Consejo Mexicano del Vino (CMV).
Pero quizá la cifra más interesante no se encuentre en una estadística.
La clave está en lo que ocurre cuando llega a la mesa una botella de vino mexicano.
Un sector que se complementa con la gastronomía
Durante años, hablar de vino mexicano significaba referirse principalmente a las regiones vinícolas y a las bodegas. Hoy en día, el tema es mucho más amplio.
El vino forma parte de un ecosistema que incluye restaurantes, sumilleres, chefs, hoteles, distribuidores, productores y destinos turísticos.
Para un restaurante, una botella puede ser mucho más que una simple bebida. Puede convertirse en la recomendación de un camarero, el maridaje perfecto para un plato, una puerta de entrada al descubrimiento de una región o el motivo por el que un comensal decide volver.
Esa relación entre el vino y la gastronomía es precisamente uno de los motores del sector.
«Los restaurantes son una parte importante de la cadena de valor del vino mexicano: somos el lugar donde se descubre un vino, se recomienda y se convierte en una experiencia», afirmó Claudia Ramírez, presidenta ejecutiva de CANIRAC.
El sector también está tendiendo ese puente a través del turismo.
México cuenta actualmente con ocho rutas de enoturismo consolidadas, que conectan viñedos y bodegas con restaurantes, hoteles, productores locales y otras experiencias.
En Baja California llegan cada año unos 850 000 visitantes atraídos por el enoturismo, lo que genera un impacto económico de 3.6 mil millones de pesos asociado a esta actividad.
En Querétaro, la Ruta del Arte, el Queso y el Vino recibe cada año a aproximadamente 1,2 millones de visitantes y genera un impacto económico estimado de 4.000 millones de pesos.
Así, el vino consigue algo que pocos productos logran: transportar al consumidor al lugar mismo donde se elaboró.
De México al mundo
Esta evolución tampoco se limita al mercado nacional.
Los vinos mexicanos han ganado protagonismo en los concursos internacionales y, en 2025, obtuvieron más de 1.000 medallas—un 25 % más que el año anterior—, según datos del CMV.
«Contamos con más regiones vitivinícolas, más proyectos, más marcas y unos consumidores cada vez más interesados en conocer lo que está haciendo México», afirmó Salomón Abedrop, presidente del Consejo Mexicano del Vino.
El sector se enfrenta ahora a una oportunidad apasionante: convertir esa curiosidad en una relación más cotidiana entre los consumidores y el vino mexicano.
Y ahí es donde los restaurantes desempeñan un papel fundamental.
Porque es en la carta de vinos donde mucha gente ve por primera vez una marca. Es durante la cena cuando descubren que un vino mexicano puede maridar bien con la cocina mexicana. Y es en una conversación con un sumiller o un camarero cuando una botella desconocida puede convertirse en su nueva favorita.
Octubre: un mes para el descubrimiento
El Día del Vino Mexicano no se limitará al 7 de octubre.
Del 30 de septiembre al 16 de octubre, restaurantes, bares de vinos, bodegas e instituciones participarán en un programa que incluirá cenas maridaje, catas, experiencias de coctelería, promociones y eventos especiales.
Con el apoyo de CANIRAC, los restaurantes de todo el país ofrecerán promociones destinadas a dar a conocer los vinos nacionales a un mayor número de consumidores.
Además, se aplicarán tarifas especiales por descorche, que oscilarán entre 0 y 100 pesos por botella, así como opciones de vino por copa.
Para quienes trabajan en el sector, el programa incluirá formación y oportunidades de negocio.
El 6 de octubre, la clase magistral «El estado actual del vino mexicano» reunirá a sumilleres y profesionales del sector HORECA.
Los días 6 y 7 de octubre, la «Business Factory», desarrollada en colaboración con GS1 México, tendrá como objetivo poner en contacto a las bodegas nacionales con los principales compradores y distribuidores.
El 7 de octubre tendrá lugar la celebración oficial del Día del Vino Mexicano.
El programa continuará con actividades como una cata especial con el Museo del Chocolate MUCHO, la conferencia «La ciencia detrás del vino» en el Instituto de Química de la UNAM y, el 16 de octubre, la Feria del Vino de México, que contará con catas guiadas y una exposición comercial de vinos procedentes de diversos estados vitivinícolas.
Una botella cuenta una historia
La industria vinícola mexicana cuenta ahora con más regiones, más proyectos y más marcas que ofrecer.
Además, cuenta con una nueva generación de consumidores que quieren saber qué beben, de dónde procede y quién lo ha elaborado.
«Elegir vino mexicano significa apoyar el “Made in Mexico”», afirmó Abedrop. «Significa apoyar la creación de empleo para miles de profesionales que trabajan con pasión, desde el viñedo hasta la mesa».
Quizás esa sea la verdadera historia que se esconde tras el Día del Vino Mexicano.
No se trata solo de brindar.
Se trata de valorar todo lo que ocurre antes de que el vino llegue a la copa: la tierra, el trabajo, la inversión, la experiencia, las regiones y las personas que hacen posible cada botella.
Y para los restaurantes, también supone una oportunidad: revisar sus cartas de vinos con una nueva perspectiva, descubrir productores, compartir sus historias y ofrecer a los comensales una razón más para explorar México a través de lo que hay en su copa.
Este 7 de octubre, la invitación es sencilla.
Abre una botella. Sírvela. Pruébala. Y descubre, quizá, una parte de México que aún no conocíamos.
Programa del Día del Vino Mexicano 2026
30 de septiembre: Noche de los Museos MUCHO
Del 4 al 11 de octubre: Wine2Bar, cenas con maridaje de vinos y promociones de CANIRAC
Del 4 al 11 de octubre: campañas digitales #EligeVinoMexicano
6 de octubre: Clase magistral: «La situación actual del vino mexicano»
6 y 7 de octubre: Business Factory
7 de octubre: Día del Vino Mexicano / Celebración oficial
9 de octubre: Cata especial con el Museo del Chocolate MUCHO
14 de octubre: «La ciencia del vino», Instituto de Química de la UNAM
16 de octubre: Feria del Vino Mexicano