Ricardo Espíndola, Elizabeth Rojas, Nelly Hurtado y Salomón Abedrop
Por Alfredo Espinola
En un país donde la tradición culinaria está profundamente arraigada en el encuentro, la conversación y la celebración, el vino mexicano está empezando a consolidarse no solo como un producto de calidad, sino también como una fuerza cultural, económica y turística con una identidad propia y distintiva. Bajo esta premisa, el Congreso Internacional de la Uva y el Vino México 2026 se celebrará del 27 al 30 de mayo. La iniciativa, promovida por el Consejo Mexicano Vitivinícola (CMV), busca fortalecer el sector y proyectarlo hacia nuevos horizontes nacionales e internacionales.
El evento, que se celebrará en Aguascalientes, reunirá a productores, investigadores, académicos, líderes empresariales, sumilleres, autoridades y consumidores en torno a un sector que está viviendo uno de sus momentos más dinámicos.
Durante la rueda de prensa previa al evento, Salomón Abedrop, presidente de la CMV, ofreció una visión general del crecimiento del sector vitivinícola nacional y de su evolución a lo largo de las últimas décadas.
«El sector vitivinícola tiene una característica única: somos agricultores, empresas agrícolas y también distribuidores», explicó. Esta integración, desde la viña hasta la copa, ha permitido a las bodegas mexicanas generar empleo, impulsar las economías regionales y convertirse también en motores del turismo.
Hoy en día, las rutas del vino están transformando ciudades tradicionalmente industriales en destinos de fin de semana. Guanajuato, Querétaro, Coahuila, San Luis Potosí y Aguascalientes están experimentando un nuevo dinamismo gracias al enoturismo: hoteles llenos, restaurantes animados y una cultura del vino en auge.
«Prácticamente nos hemos convertido en la cuarta fuente de ingresos por turismo de México», señaló Abedrop.
Pero el crecimiento no solo se nota en el turismo, sino también en el consumo. Según las cifras facilitadas por el Consejo, el vino mexicano ya es el favorito de los consumidores nacionales: 39 de cada 100 botellas que se descorchan en el país son mexicanas.
Estos datos cobran aún más relevancia si se tiene en cuenta que, históricamente, el vino español dominaba el mercado mexicano. Desde 2017, el vino nacional ha logrado superar esa preferencia y hoy en día mantiene su liderazgo.
La idea de que el vino mexicano es inasequible también está empezando a desaparecer. Casi el 30 % de las botellas nacionales se venden por menos de 300 pesos (unos 15 dólares estadounidenses), mientras que casi la mitad tiene un precio de entre 300 y 500 pesos. El segmento de gama alta representa solo una quinta parte del mercado.
«El mito de que el vino mexicano es caro ya no se corresponde con la realidad», afirmó.
A esto se suma otro dato revelador: aunque México representa solo el 0,4 % de la producción mundial de vino, se lleva alrededor del 10 % de las medallas en concursos internacionales. Este reconocimiento ha reforzado la percepción de la calidad del vino mexicano tanto dentro como fuera del país.
Sin embargo, el mayor reto sigue siendo de carácter cultural.
En la actualidad, el consumo medio anual en México es de 1,5 litros por adulto, una cifra que sigue estando muy por debajo de la de los principales países productores de vino. Para Ricardo Espíndola, coordinador de la Feria del Vino de México y representante de la Escuela Mexicana de Sumilleres, el reto no se limita al precio ni a los impuestos.
«Nos enfrentamos a una cultura gastronómica compleja en lo que respecta al vino», reflexionó. «En la mesa mexicana hay chiles, limones, salsas, refrescos… elementos que, naturalmente, no maridan bien con el vino, como sí ocurre en otras culturas».
Aun así, considera que los avances han sido notables. Recordó que, hace veinticinco años, promover el vino mexicano era una tarea difícil. Hoy en día, las marcas nacionales compiten gracias a su experiencia técnica, su personalidad y su calidad.
El Congreso Internacional de la Uva y el Vino de México servirá de escaparate y punto de encuentro para productores y consumidores. «Queremos que estén todos: grandes, medianos y pequeños productores», afirmó Espíndola.
Más que una simple cata, el evento pretende convertirse en un ejercicio de identidad colectiva: un diálogo abierto en el que el vino deja de parecer algo lejano y empieza a integrarse como parte de la cultura contemporánea del país.
Innovación y sostenibilidad para el futuro del vino mexicano
Elizabeth Rojas, directora de CMV, explicó que el congreso abordará temas clave como la sostenibilidad, el cambio climático, el uso eficiente de los recursos, la propiedad intelectual, las tendencias de consumo y las estrategias de mercado. Investigadores de España, Chile y Estados Unidos compartirán sus puntos de vista sobre los retos globales a los que se enfrenta la industria vinícola.
Además, habrá sesiones dedicadas a la maquinaria, la innovación tecnológica, la gestión de la cadena de suministro, la logística y la trazabilidad, sectores fundamentales para reforzar la competitividad de la industria mexicana.
«El vino está relacionado con más del 20 % de las actividades económicas del país», subrayó Rojas. «Por eso, esta conferencia tiene como objetivo fomentar las colaboraciones, el intercambio de conocimientos y una visión de futuro».
Aguascalientes: La tierra del futuro
La elección de Aguascalientes como ciudad anfitriona no es casual. El estado está viviendo un renacimiento de la industria vinícola , con más de 1 350 hectáreas de viñedos, 20 explotaciones vitivinícolas, 24 bodegas y más de 200 marcas. «La ruta del vino atrae a más de 200 000 visitantes al año», señaló Nelly Hurtado, asesora de la Unidad de Política Social del Gobierno del Estado, quien destacó que el crecimiento de la industria también ha impulsado el turismo, la economía regional y el reconocimiento internacional de sus vinos.
La presencia de estados como Baja California, Coahuila, Querétaro, San Luis Potosí, Hidalgo, Jalisco y, por supuesto, Aguascalientes, permitirá obtener una visión global de la situación actual del sector vitivinícola nacional.
Trabajando en la situación fiscal
Paralelamente al crecimiento de la producción, el sector también busca impulsar políticas públicas que faciliten el acceso de los consumidores mexicanos al vino. Una de las cuestiones fundamentales es la estructura fiscal actual, en particular el Impuesto Especial sobre la Producción y los Servicios (IEPS), que repercute directamente en el precio final de las botellas.
El Consejo Mexicano del Vino está trabajando actualmente en propuestas para modificar el régimen fiscal y adaptarlo a los modelos internacionales, en los que el impuesto se calcula en función del grado alcohólico y no del valor comercial del producto.
Mientras tanto, el sector sigue haciendo lo que mejor sabe hacer: infundir paciencia, forjar una identidad y defender, vaso a vaso, una narrativa que hoy en día ya no necesita validación externa.
El vino mexicano ya no es solo una promesa emergente. Por fin se ha convertido en un tema de debate serio en torno al territorio, la calidad y la cultura.