Por Alfredo Espinola
A veces, parece que la historia del tequila se ha contado tantas veces que corre el riesgo de perder fuerza. Entre la retórica repetitiva, el marketing estridente y la proliferación de marcas que surgen y desaparecen con la misma rapidez, la credibilidad del sector se ha convertido en un tema incómodo, pero urgente.
Santos Ochoa Aguilar habla con una claridad poco común: sin poses, sin folclore forzado, sin nostalgia artificial. No heredó tierras ni un apellido histórico; es, como él mismo se define, «alguien que pasó del hormigón al campo, de la ciudad a los agaves». Contable público de formación, cuenta ahora con más de 23 años de experiencia en la industria del tequila: un recorrido que comenzó con los números y terminó, gracias a su determinación y obsesión, en el corazón del proceso de producción.
Del escritorio al agave
Santos Ochoa nos cuenta que empezó en el departamento de contabilidad de una marca de tequila premium, cuando ese segmento apenas empezaba a despegar: «En aquella época, había quizá unas diez marcas premium, no cientos como hoy en día». Con el tiempo, su trayectoria profesional le llevó a ocupar puestos ejecutivos, entre ellos el de director general de operaciones, una experiencia que le obligó a sumergirse de lleno en las materias primas, los procesos y la producción. Colaboró con fondos de inversión que buscaban profesionalizar marcas desde cero. En el camino, llegó a comprender algo esencial: «El tequila no puede sobrevivir solo con el marketing».
Consciente de que los conocimientos financieros no eran suficientes, decidió estudiar los destilados para completar su conjunto de habilidades. Así, más allá de su cargo o de la experiencia acumulada, se ganó el título de maestro elaborador de tequila. «No solo por lo que ya había vivido en el sector, sino porque comprendí que el tequila exige una formación técnica y respeto por el proceso».
El arte por encima de la retórica
Santos lo explica con claridad: «El NOM no es una identidad, es una norma. Mi intención es que la gente reconozca un estilo, una forma de elaborar tequila, no solo un número». Esa es la base de su proyecto actual: Casco Lobo, una destilería fundada en septiembre de 2024 y diseñada para llevar el concepto artesanal al extremo en cuanto a detalle y consistencia.
Casco Lobo se ha concebido como una destilería de lotes reducidos, obsesionada con la uniformidad. Cada lote se controla con precisión —temperatura, oxigenación, tiempos y volúmenes— no para industrializar el proceso, sino para garantizar que un tequila artesanal pueda reproducirse sin traicionar su esencia.
«No creo que “artesanal” deba ser sinónimo de variación caótica», afirma. Para él, la verdadera maestría reside en garantizar que un lote pequeño tenga hoy el mismo sabor que tendrá dentro de cinco lotes. Eso requiere una supervisión directa, controles rigurosos, innovación sensata y una producción constante, incluso a pequeña escala.
«La artesanía no debería ser sinónimo de irregularidad», subraya. «Si se produce de forma constante, mes tras mes —aunque sea en pequeñas cantidades—, se pueden conseguir perfiles bien definidos y auténticos».
En Casco Lobo elaboran tequilas blanco, reposado, añejo y extra añejo, centrándose siempre en el proceso y nunca en los retoques posteriores a la elaboración.
Desnuda: De vuelta a la esencia del tequila
Siguiendo esa misma lógica, en agosto de 2025, en Nashville (Tennessee), se relanzará Tequila Desnuda, una de las marcas que Santos desarrolla dentro de Casco Lobo. El nombre —«desnuda» significa «nude» en español— puede parecer provocativo a primera vista, pero en realidad es una declaración de principios: «Mostrar el producto tal y como es, sin adornos ni pretensiones; pero lo llevamos a lo natural, a lo orgánico».
El compromiso va más allá del propio líquido; las botellas se fabrican artesanalmente en Tonalá y Tlaquepaque, y algunas incluso están hechas de vidrio soplado. Los corchos están fabricados con madera microaglomerada reciclada. Cada decisión se toma teniendo en cuenta la coherencia: «No tiene sentido decir que tu tequila es ecológico y luego sellar la botella con un corcho sintético», explica.
El tequila Desnuda está disponible en las variedades blanco, reposado y añejo, todas ellas con certificación ecológica. Además, Santos está preparando el lanzamiento de un tequila Extra Añejo ecológico de 12 años, fruto —paradójicamente— de una crisis anterior del agave. Un tequila que permaneció olvidado en la barrica y que ahora está viviendo su momento de gloria.
«Lo ecológico no es solo una etiqueta»
Para Santos, lo ecológico va más allá de la mera ausencia de aditivos. Empieza en el campo: agaves cultivados sin pesticidas ni organismos modificados genéticamente, mediante ciclos que devuelven al suelo lo que se le extrae. «Dejamos que la tierra descanse durante un año; cerramos el ciclo. Eso es verdadera sostenibilidad».
En el proceso industrial, la filosofía sigue siendo la misma: limpieza extrema, ausencia de productos químicos y controles que eviten la contaminación invisible pero persistente. «Mucha gente habla de productos sin aditivos, pero pasa por alto todo lo que ocurre antes y durante la producción. Se puede no añadir nada al final y, aun así, haber alterado el proceso desde el principio», aclara.
Explica que la diferencia no siempre es organoléptica, sino química, estructural y, sobre todo, ética.
Innovar para decir la verdad
Santos no idealiza el concepto de «tequila tradicional». Lo respeta, pero también lo cuestiona. Sabe que gran parte del sector funciona hoy en día mediante procesos altamente industrializados, aunque el discurso oficial sugiera lo contrario. Por eso insiste en algo que considera urgente: «Recuperar la credibilidad».
«La industria del tequila puede perjudicarse a sí misma si no defiende la verdad», advierte. Habla sin rodeos sobre prácticas ambiguas, certificaciones poco claras y asociaciones con conflictos de intereses. No por un deseo de confrontación, sino por la necesidad de poner todo sobre la mesa.
En su opinión, el futuro no pasa por idealizar la tahona solo por hacer una foto, sino por explicar con sinceridad qué se hace, cómo se hace y por qué se hace así. La innovación no es una traición a la tradición, sino utilizar el conocimiento para hacer las cosas mejor.
El verdadero reto al que se enfrenta el tequila
Santos no rehúye los temas incómodos; le preocupa la sobreexplotación del agave, la idealización de procesos que ya no son del todo auténticos y el uso del marketing como sustituto de la verdad. «Si la industria pierde credibilidad, todos salimos perdiendo».
Cuestiona abiertamente ciertas certificaciones, competiciones y discursos que, en su opinión, no siempre son coherentes. Aun así, reconoce que la competencia es una fuerza motriz necesaria: «La competencia es saludable, siempre y cuando se base en normas claras y honestas».
En su opinión, los consumidores son cada vez más conscientes; pueden aceptar una recomendación, pero no una mentira que se mantenga a lo largo del tiempo.
El mercado y el orgullo
En la actualidad, Tequila Desnuda tiene una mayor presencia en Estados Unidos, especialmente en California y el Medio Oeste, donde la cultura del bourbon y el envejecimiento en barrica complementa de forma natural sus tequilas reposado y añejo. «Mi tequila favorito es el reposado. Para elaborar un buen reposado hay que dominar dos artes: el blanco y la madera».
Paradójicamente, México aún no es su principal mercado. «Es diferente, más complejo desde el punto de vista empresarial. Prefiero crecer de forma constante y con una presencia auténtica», explica.
Esa decisión de dar prioridad a la consistencia frente a la rapidez ha encontrado una validación inesperada este año. En tan solo un año de existencia, Tequila Desnuda ha pasado de ser una idea a convertirse en uno de los proyectos más reconocidos del sector, obteniendo el máximo galardón como «Tequila del Año» en los Bartender Spirits Awards de 2026. El jurado también galardonó a la marca con los premios al Mejor Diseño de Envase, Licor del Año (México) y Productor de Tequila del Año, además de otorgarle una extraordinaria puntuación de 98 puntos.
Más allá de ser una simple colección de trofeos, estos galardones representan la validación de una filosofía. En un sector en el que muchas marcas dan prioridad primero a la narrativa y después al producto, Desnuda adoptó el enfoque contrario: dio prioridad al proceso, la técnica y la coherencia. El hecho de que este enfoque haya sido reconocido por los expertos del sector demuestra que la excelencia no siempre tarda décadas en dejar huella.
Sobre el orgullo y la perseverancia
Para Santos, ver por primera vez una botella de Tequila Desnuda vacía fue un acto de reconocimiento —no de éxito, sino de constancia—, la culminación de años de estudio, perseverancia y una silenciosa obsesión por hacer las cosas bien. El hecho de que, tan solo un año después, ese mismo proyecto fuera reconocido como «Tequila del Año» no altera el significado de esa búsqueda; simplemente confirma que, cuando la integridad guía el proceso, el reconocimiento acaba llegando.
Cuando se le pregunta qué le diría al Santos de hace 23 años, no habla de éxito ni de reconocimiento; habla de valores, de integridad, de mantenerse fiel al proceso de envejecimiento, incluso cuando parece ir a contracorriente. «A la larga, eso es lo que te sostiene», afirma.
Al recordar sus inicios, Santos reafirma la importancia de mantenerse fiel a sus valores: «Aunque el camino vaya a contracorriente, la integridad acaba encontrando su lugar».
Porque, al fin y al cabo, desnudarse —tanto con el tequila como en la vida— requiere valor.
