Por Alfredo Espinola
En el corazón de San Miguel de Allende, Guanajuato, entre muros de piedra y cielos teñidos de ocre al atardecer, se levanta San José Lavista, un viñedo que ha sabido combinar tres pasiones: la arquitectura, el vino y la hospitalidad. Quince años después de su fundación, la hacienda se ha convertido en un referente de Guanajuato y en un emblema de lo que significa hacer vino con identidad mexicana.
El origen de un sueño
Todo empezó con el arquitecto José Seoane, que imaginó en este terreno un retiro personal, una casa de campo inspirada en las haciendas mexicanas del siglo XIX. Sin embargo, el destino quiso que este proyecto íntimo se convirtiera en una prestigiosa bodega.
El cambio se produjo gracias a Hugo D'Acosta, un reputado enólogo que, tras visitar la finca, reconoció inmediatamente el potencial del terruño y convenció al arquitecto Seoane para plantar viñas. Las primeras 10 hectáreas de Malbec no prosperaron como se esperaba y hubo que replantarlas, pero ese contratiempo se convirtió en una oportunidad, y llegaron nuevas variedades: Merlot, Shiraz, Chenin Blanc, Chardonnay y Pinot Noir, que hoy dan vida a los vinos de la casa.
Arquitectura que respira México
San José Lavista se distingue no sólo por lo que produce, sino también por lo que transmite. Caminar por sus pasillos es como retroceder en el tiempo: gruesos muros, bóvedas de inspiración española, detalles de hierro forjado y una colección de arte mexicano que le da carácter.
Este ambiente, que combina historia y belleza, ha hecho de la hacienda uno de los lugares favoritos para bodas y celebraciones en San Miguel de Allende.
"Cada rincón está hecho con cariño, y la gente lo nota", dice Daniel Rodríguez, director comercial de la hacienda.
La filosofía del vino
Los vinos de San José Lavista nacen de una filosofía clara: respeto absoluto por el terruño y elaboración clásica al estilo francés. El Malbec, su vino insignia, ha logrado el reconocimiento internacional como un "Malbec de Guanajuato", al que las condiciones climáticas y de suelo de la región confieren un carácter único.
El viñedo produce unas 45.000 botellas al año; aunque se trata de un volumen menor en comparación con otras bodegas, refleja su convicción: no sacrificar la calidad ni la expresión del lugar para crecer en número.
Enoturismo: experiencias que dejan huella
Más allá de las etiquetas, San José Lavista apuesta por el enoturismo. Los visitantes no sólo degustan vino, sino que disfrutan de una experiencia integral que combina gastronomía, hospitalidad y paisaje. La hacienda es parte activa de la Ruta del Vino de Guanajuato, un esfuerzo colectivo de productores que buscan posicionar a la región como un destino vitivinícola de primer nivel.
La inspiración es clara: construir juntos un "Napa Valley mexicano", pero con una identidad profundamente local, donde la cultura, la cocina tradicional y el vino interactúen en armonía.
La influencia de San Miguel de Allende
La ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO el 7 de julio de 2008, y está reconocida como uno de los destinos más bellos del mundo. Su turismo exigente y su amor por la buena mesa han marcado el ritmo del proyecto, que se centra en la hospitalidad y los detalles, impulsando a San José Lavista hacia la excelencia.
"San Miguel nos obliga a ser perfeccionistas", dice Rodríguez.
Mirando al futuro
El viñedo sigue creciendo, con nuevas parcelas de Chardonnay y Pinot Noir que empiezan a dar fruto. Los planes futuros incluyen un hotel dentro de la hacienda, diseñado como una extensión natural de la experiencia ecoturística.
Identidad, la palabra que lo define todo
Si San José Lavista tuviera que resumirse en una sola palabra, sería Identidad; identidad mexicana en su arquitectura, identidad guanajuatense en sus vinos, identidad emocional en cada celebración.
No en vano, su lema es algo más que un eslogan: "Del amor nace la vista", porque en San José Lavista el amor por la tierra, el vino y la cultura se convierte en una experiencia que se queda con quien la vive.
Un destino para el alma
Visitar San José Lavista no es sólo conocer un viñedo, es ser parte de un espacio donde el tiempo parece detenerse, donde cada pared cuenta una historia y cada copa contiene el alma de la tierra guanajuatense. En medio de la majestuosidad de San Miguel de Allende, caracterizado por la calidez de la hospitalidad mexicana, este lugar te invita a celebrar la vida.
Porque más que degustar vino, en San José Lavista se experimenta la sensación de pertenecer, aunque sólo sea por unas horas, a un lugar donde el amor florece de verdad ante tus ojos.
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