Magda Erika Salgado Ponce
Por Alfredo Espinola
Los buenos políticos y los buenos restauradores tienen mucho en común. Recuerdan nombres y caras, escuchan, tratan de cuidar a sus electores. Sin embargo, rara vez una misma persona vive en ambos mundos. Magda Erika Salgado Ponce, también conocida como Meggie Salgado, es una de esas personas: es diputada (equivalente a una congresista en Estados Unidos) y propietaria de Casa Manzano, un popular restaurante con locales en Cuernavaca y Ciudad de México.
«Soy diputada desde hace poco, aunque en el fondo siempre he sido emprendedora», afirma Salgado, elegida en 2024 y representante de Cuernavaca, en el estado de Morelos. «Desde niña observaba, imaginaba y buscaba crear. Me reconozco como una mujer creativa, pero sobre todo como una activista: comprometida con la defensa de los derechos de las mujeres, los niños, los jóvenes y el cuidado de la naturaleza».
Primero vino la hospitalidad
La trayectoria de Salgado comenzó con la hostelería. Nacida en 1972, su primer contacto con la gastronomía se produjo hace décadas, cuando estudiaba en Le Cordon Bleu, en París. Poco después se casó y, dadas las circunstancias, tuvo que ponerse a trabajar. Empezó horneando pasteles de boda, luego organizando pequeños eventos y, más tarde, abrió una cafetería.
Casa Manzano nació en 2008 en Cuernavaca (la sede de Ciudad de México se inauguró en 2024). Mientras buscaba un nombre para este nuevo proyecto, tenía colgado delante de ella un cuadro de unmanzano, regalo de su amiga, la artista Elisa Cano. El manzano, símbolo de abundancia, raíces y alimento, se convirtió en su identidad.
Desde el principio, Salgado tuvo una clara obsesión: los detalles. Antes de que nadie hablara de «experiencias gastronómicas», ella ya entendía que comer no era solo una cuestión de nutrición, sino algo mucho más profundo. Casa Manzano comenzó a tomar forma basándose en la intuición, la sensibilidad y la atención a cada detalle.
El negocio creció junto con su familia —sus hijos siempre participaron— y con un equipo que, casi sin quererlo, acabó estando compuesto en su mayoría por mujeres. Cocineras, gerentes, administradoras: mujeres que encontraron allí un lugar seguro, respetuoso y digno. Un espacio donde trabajaban en equipo.
Hoy en día, el restaurante es mucho más que un espacio gastronómico. Es un lugar donde la naturaleza juega un papel central: abundante vegetación, flores de temporada, música suave. Un oasis en medio de una concurrida avenida de Cuernavaca, donde al cruzar el umbral, el ritmo cambia y el cuerpo se relaja.
La cocina es tradicional mexicana, profundamente vinculada al territorio. El maíz es su elemento central. Las tortillas llegan cada día desde Tepoztlán, elaboradas por mujeres que cultivan maíz autóctono. Los platos respetan las estaciones: huazontles, esquites, tamales de maíz, mole, calabaza confitada, arroz con leche. Nada es pretencioso. Todo te recuerda a tu hogar, a la mesa de tu abuela, a los recuerdos.
Cocinar, cuidar y servir: el camino hacia la política
Desde sus inicios, Casa Manzano ha sido un espacio que dignifica el trabajo de las mujeres. Muchas de las mujeres que trabajan allí son madres y cabezas de familia. Salgado insiste en algo esencial: no se trata solo de valorar su trabajo, sino de que ellas se valoren a sí mismas. Se trata de que sus familias comprendan la importancia de lo que hacen. Porque, como ella dice, el trabajo de las mujeres construye la comunidad y el país.
Fue esta perspectiva social la que llevó a Salgado a involucrarse en la política. Comenzó a participar en el gobierno local en 2009, primero como coordinadora de iniciativas digitales del Ayuntamiento de Cuernavaca y más tarde como miembro del Consejo Municipal de Seguridad Pública de Cuernavaca. A lo largo de los años ha ocupado otros cargos, entre ellos el de vicepresidenta de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPAMEX) Morelos, una asociación patronal no partidista que promueve prácticas empresariales sostenibles, competitivas y socialmente responsables.
Hoy, como diputada, Salgado forma parte de tres comisiones: Cambio Climático y Sostenibilidad, Seguridad Pública y Turismo. Es miembro de Morena, el partido político gobernante fundado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador.
Su experiencia como diputada le ha enseñado algunas verdades difíciles.
«Estar hoy en el ámbito legislativo me ha permitido comprender que la transformación no es tan sencilla como parece desde fuera», afirma Salgado. «Existe un aparato institucional rígido y arraigado que necesita cambios profundos para poder avanzar. La crítica es necesaria, pero el verdadero reto es sacudir ese sistema y hacerlo avanzar».
Su implicación política también ha puesto de manifiesto una desconexión entre la política y el mundo empresarial, afirma.
«Existe una falta de comprensión hacia aquellos que arriesgan sus activos y sus sueños para crear puestos de trabajo, en particular los pequeños y medianos empresarios, que son responsables de la mayor parte del trabajo en el país».
Por otro lado, ha observado que la política y la hostelería comparten algo esencial: la vocación de servicio.
«Al igual que en la cocina trabajamos para que los demás se sientan bien, la política debería existir para mejorar la vida de las personas», afirma. «El reto consiste en encontrar puntos en común y dejar a un lado las divisiones».
Resistir juntos: la fuerza de una cocina compartida
A lo largo de los años, Casa Manzano ha sido testigo de historias profundas. Durante la pandemia, el proyecto se enfrentó a uno de sus momentos más difíciles. Salgado se reunió con su equipo y fue sincera: no había recursos suficientes para mantenerlo todo, por lo que la única opción era trabajar en equipo. Nadie se marchó. Todos se adaptaron. Vendieron comida para llevar, utilizaron las redes sociales y se apoyaron mutuamente. Los clientes respondieron con una solidaridad conmovedora. No eran clientes: eran una comunidad.
Esa comunidad también se manifestaba en pequeños y grandes gestos: recaudaciones de fondos, apoyo social y vínculos que han perdurado en el tiempo. Salgado lo dice sin dudar: Casa Manzano no solo sirve comida, sino que construye relaciones.
Quizás espera tener la misma experiencia como congresista: «El reto es acabar con los prejuicios», afirma. «Reconocer que hay personas íntegras en la política y empresarios con un deseo genuino de cambio. Solo a partir de ahí, desde un terreno común, es posible construir un país mejor».


