Guadalupe Osorno junto a JoJo Burgess, alcalde de Washington (Pensilvania).
Por Natalia Otero
Algunas historias se cuentan en voz alta: inauguraciones, premios, crecimiento. Otras se viven en silencio, entre decisiones difíciles, noches de insomnio y la determinación de no renunciar a lo que uno sabe que ha construido con sus propias manos.
La historia de Guadalupe Osorno, fundadora de Boga Taco en Washington, Pensilvania, cerca de Pittsburgh, es ambas cosas.
Cuando abrió el restaurante en marzo de 2023, lo hizo junto con unos socios.
«Tenía socios: mi tío y otros dos que eran hermanos». Fue el comienzo de un proyecto fruto de la intuición, el trabajo duro y una oportunidad que surgió en el marco de un programa de incubación de empresas, la Incubadora de Empresas PHDC. Pero, como ocurre en muchas historias similares, el sueño pronto empezó a desmoronarse.
«Empezaron a surgir problemas porque no sabíamos cómo gestionarlo todo… y la situación no hacía más que complicarse».
Mientras que algunos miembros de su equipo se planteaban nuevas ideas —como ampliar el negocio con un food truck—, Guadalupe veía algo diferente: caos, falta de organización y riesgos que podían ponerlo todo en peligro. «Ellos querían un food truck, y yo no podía encargarme tanto del restaurante como del food truck. Me di cuenta de eso desde el principio».
No fue una simple discrepancia. Fue un choque de visiones.
«Pensaban que era egoísta, pero no, yo sabía que la contabilidad no estaba en orden, ni tampoco la nómina».
El precio de hacer las cosas bien
Lo que vino después no fue solo un conflicto empresarial. Fue una prueba.
«Se cometieron errores que tuvieron consecuencias».
Entre las malas decisiones y una tragedia relacionada con el food truck, Osorno se dio cuenta de que el negocio no podría sobrevivir sin una gestión responsable. En medio del caos, llegó uno de los momentos más difíciles: quedarse sin fondos para seguir adelante.
«Cuando mi tío retiró los 12 000 dólares de la cuenta y yo tuve que pagar las nóminas. Yo era el que trabajaba, y ellos se llevaban el dinero».
Fue entonces cuando tomó las riendas, incluso en las condiciones más adversas. Gracias a otra cuenta que había logrado mantener a salvo, pudo pagar a sus empleados. No fue solo una decisión financiera. Fue un acto de integridad. Y así, decidió quedarse. Luchar. Reconstruir.
Existe una visión romántica de dejarlo todo atrás, de marcharse, de empezar de cero. Pero a veces, el verdadero valor reside en quedarse. Cuando la incubadora de empresas les preguntó si querían cerrar el restaurante, los socios de Osorno dijeron que sí… pero ella dijo que no.
Esa negativa no fue por terquedad. Fue por claridad. Osorno sabía en qué podía convertirse Boga Taco. Había visto más allá del presente: una ubicación estratégica, una comunidad receptiva, una identidad basada en la autenticidad.
«En Washington no hay ningún sitio como Boga Taco; es el restaurante con más estrellas de la zona de Pittsburgh».
Así fue como comenzó un nuevo capítulo en 2024. Sola. Y a su propio ritmo. Porque una cosa que aprendió de la experiencia fue que primero hay que tener una base muy sólida y estable, contar con un contable y gestionar bien la parte administrativa, para poder dedicarse a lo que más le gusta: ser taquera.
Aprender de los errores
El renacimiento no se produjo de inmediato. Llegó con el aprendizaje.
«Estuvimos a punto de quebrar por una mala gestión, pero ahora, gracias a Dios, nos va muy bien».
Guadalupe comprendió algo fundamental: cocinar no es lo mismo que dirigir un negocio.
«Soy taquera; sé cocinar, pero la contabilidad, las redes sociales...». Como ella misma dice, estas incubadoras de empresas, aunque ofrecen una buena oportunidad para empezar, serían de gran ayuda y muy necesarias para orientar a la gente a través de cursos de gestión, porque, de lo contrario, se crearán muchos negocios que no podrán mantenerse por sí mismos.
Con ayuda —como la de su contable—, empezó a reconstruir no solo el restaurante, sino también su estructura: nóminas, control de costes, proveedores, organización. El crecimiento empezó a reflejarlo: «El restaurante solo creció un 4 % el primer año que abrimos con mis socios. El segundo año, crecimos un 19 % cuando me quedé sola».
Resiliencia: una historia que se remonta a tiempos más lejanos
Pero la fortaleza de Guadalupe no tenía su origen en el restaurante.
«Sufrí violencia doméstica y, después de todo esto, siento como si hubiera pasado por algo parecido». (Haz clic aquí para leer un artículo de El Restaurante sobre los primeros meses de Boga Taco en el negocio.)
Su trayectoria está marcada por decisiones difíciles que tomó mucho antes de Boga Taco. Por eso su forma de abordar los conflictos no es impulsiva, sino muy reflexiva.
«Lo que me ha llevado a donde está hoy Boga Taco es haber sido muy resiliente. He tenido mucha fe».
Hoy, en la cocina, hay algo diferente: sentido de pertenencia, orgullo, autenticidad. «Ahora puedo decir que tengo una profesión: soy taquera».
Cada plato lleva su sello. Desde el choripollo, inspirado en su ciudad natal, Toluca, hasta las quesabirrias, que se han ganado el corazón de los locales.
Más allá del negocio, hay otro reto constante: el de ser madre, mujer y emprendedora, todo a la vez.
Este negocio le ha demostrado a Osorno que, además de ser madre, tiene su propio negocio y su propia profesión. Habla de un equilibrio que no se aprende, sino que se construye día a día, entre la cocina del restaurante y la de su casa.
«Me encanta estar en casa, pero también me encanta lo que hago en Boga Taco».
Como ella misma explica, todo se consigue con esfuerzo. A veces se cuentan las historias de éxito como si el camino hubiera sido fácil y estuviera lleno de celebraciones. Como señala Osorno, nada ocurre de la noche a la mañana. Nada es cuestión de suerte; es cuestión de trabajo.
Antes de plantearse la expansión, quiere sistematizar todos los procesos para que puedan reproducirse. Porque ha comprendido algo fundamental: un negocio sólido no se improvisa. Requiere perseverancia.
La historia de Guadalupe no es solo la de un restaurante. Es la historia de una mujer que decidió no rendirse, que decidió aprender lo que no sabía y que se enfrentó a lo que otros evitaban.
Y quien, en medio de todo aquello, escuchó su propia voz interior que le decía: «Sigue tu camino».
Aquí, Osorno comparte una de sus recetas:
RECETA:Arroz rojo mexicano
Ingredientes:
4 tazas de agua
4 tomates rojos
1/2 cebolla
5 dientes de ajo
1/2 taza de aceite de oliva
2 tazas de arroz jazmín
56 g de caldo de pollo (Knorr suizo en polvo)
sal al gusto
Tritura los tomates, la cebolla y el ajo con 1 taza de agua en una batidora y reserva.
En una cacerola, añade el aceite y el arroz; rehoga el arroz hasta que adquiera un color marrón claro. Cuando llegue a ese punto, añade la salsa de tomate y deja que se cocine a fuego lento durante unos 3 minutos para que los sabores se mezclen. Una vez que el arroz esté sazonado, añade el agua restante y pruébalo para ver si necesita sal. Cuando empiece a hervir, baja el fuego y tapa la cacerola para que se cocine lentamente hasta que se absorba el agua y el arroz esté tierno.