Por Alfredo Espinola
"Me llamo Rita y este proyecto nació de mi familia", comienza Rita Fernanda Fernández López, creadora de Jardín de Mayahuel y de la marca Meyoloctli. Su historia está profundamente ligada al maguey pulquero, una planta que no sólo alimenta, sino que inspira y sostiene la vida en su comunidad de Singuilucan Hidalgo, México.
El proyecto comenzó como una vuelta al campo. "Regresamos al rancho y nos dimos cuenta de que el maguey casi había desaparecido. El oficio del tlachiquero también se estaba perdiendo. Para nosotros fue una necesidad y, al mismo tiempo, una revelación. Decidimos rescatar la planta y su cultivo".
Cuidar, sembrar y transformar el maguey se convirtió en el motor de la economía de su familia. Con el aguamiel producen miel de maguey; con la fermentación, auténtico pulque, sin diluir; y con los excedentes, destilados que conservan la esencia de la planta. "Cuando hay abundancia y no se puede vender todo el pulque, lo destilamos. Así evitamos desperdicios y obtenemos un producto que se conserva e incluso mejora con el tiempo."
El maguey, espejo de vida
Rita habla del maguey con la misma reverencia con la que se habla de la vida misma. "Es una planta que florece una sola vez, y cuando la cosechamos, sabemos que es el final. Pero también es un acto de ofrenda; el maguey lo da todo, como lo hace una mujer cuando alimenta y da vida."
Esta íntima relación se entreteje en el compromiso de su familia: reforestar, replantar y valorar el trabajo que hay detrás de cada litro de pulque. "El maguey tarda hasta veinte años en madurar. Cuando lo vendemos a un precio justo, pagamos mejor y conseguimos que la gente lo vuelva a plantar. Poco a poco, la planta vuelve a nuestra tierra".
De la tradición a la destilación
La curiosidad llevó a Rita y a su familia a explorar antiguos vestigios de la destilación del pulque en la época prehispánica. "Nos fascinó descubrir que ya existían destiladores de barro y caña. Hicimos uno muy pequeño, de 20 litros, a leña. Desde la primera vez, nos enamoramos del resultado".
Hoy cuentan con un alambique de cobre de 50 litros, con el que producen un destilado noble y dulce que alcanza hasta 50 grados de alcohol. "Lo bebemos solo, o al estilo campesino, con aguamiel recién cosechado. Es cóctel de rancho, y sabe a gloria".
El destilado también se convierte en la base de remedios herbales. Gracias a los conocimientos heredados de su abuela, elaboran licores medicinales con hierbas de las montañas. "Son recetas que curan dolencias estomacales y uterinas, incluso casos que la medicina había dado por perdidos. Lo que recibimos del maguey, se lo devolvemos a la gente en forma de salud".
Una copa con memoria
El pulque vivió un periodo de marginación tras el auge de la cerveza y las bebidas industrializadas. Pero en cada litro de pulque o destilado que ofrece Rita late el recuerdo de un México rural, fuerte y resistente. "El maguey concentra minerales de la tierra a lo largo de su vida. Eso es lo que nos nutre y lo que hace del pulque una bebida tan poderosa".
Para Rita, Meyoloctli es más que una marca: es una misión vital. "Este proyecto me hace sentir agradecida. Nos une como familia, nos mantiene sanos y nos conecta con la naturaleza. La planta del maguey siente empatía por la humanidad y nos da lo que necesitamos en abundancia. Nuestro deber es cuidarla y compartirla".
El legado
Desde 2015, Jardín de Mayahuel ha crecido gracias al trabajo colectivo, el apoyo de los jóvenes y el conocimiento de sus mayores. Han aprendido de los errores, de las plantas de maguey perdidas y de la sabiduría de quienes les enseñaron con paciencia y ensayo y error. Hoy producen destilados de pulque, licores de frutas de temporada, capulín, ciruela, manzana, pera, versiones añejas maceradas en barricas y remedios con plantas medicinales.
"Cada botella encierra historia, tierra y vida. Para mí, el pulque es una medicina prohibida que cura el cuerpo y el espíritu", dice Rita. "El maguey, con su paciencia de siglos, nos enseña que la vida se nutre de raíces profundas y ofrendas silenciosas. Cada gota de aguamiel, cada vaso de pulque, cada destilado, es una herencia que debe beberse con respeto."
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