Por Alfredo Espinola
En lo más profundo del corazón de Oaxaca, donde las montañas guardan secretos ancestrales y el maíz crece como símbolo de identidad, una revolución silenciosa fermenta en barricas de roble. Su nombre, Nación Maíz, es una destilería que no sólo produce whisky, sino que honra una herencia de más de 7.000 años.
Durante más de una década, este proyecto ha hecho del maíz autóctono su emblema y materia prima para crear un destilado excepcional, impregnado de historia, sabor y conciencia social. En un momento en que el mercado busca autenticidad, Maíz Nation ofrece una bebida que es a la vez un homenaje al campo y un desafío al statu quo del whisky global.
Un origen con causa
Para Jonathan Barbieri, el viaje comenzó en 2013 con una inquietud: ¿cómo proteger el maíz autóctono de las amenazas de los organismos modificados genéticamente y, al mismo tiempo, revalorizarlo? La respuesta llegó en forma de destilado. Primero fue el mezcal, luego el whisky. Así nació la idea de crear una bebida espirituosa a partir del maíz ancestral oaxaqueño, cultivado por familias campesinas con las que han forjado lazos de colaboración, comercio justo y aprendizaje mutuo.
"Estamos a sólo 30 kilómetros del punto de origen del maíz en el planeta, y nadie había hecho nunca un whisky con estos granos", dice Jonathan Barbieri. "Queríamos crear un producto de categoría mundial que además ayudara a preservar y dar valor añadido a estas semillas únicas".
Una bebida de calidad
Maíz Nation no produce whisky en serie. Cada botella es el resultado de un proceso artesanal totalmente trazable que comienza en parcelas que nunca han sido tocadas por productos agroquímicos.
Allí crecen variedades como Chalqueño, Tepezitle, Olotillo y Bolita, que luego se transforman en destilados que capturan el alma de sus territorios. El portafolio incluye un whisky blanco que ha conquistado paladares por su pureza y versatilidad en coctelería. Su sabor evoca la perfecta armonía del maíz, la tierra y el fuego.
También ofrecen versiones envejecidas en barricas de roble americano profundamente carbonizadas, que añaden notas de vainilla, caramelo, frutas verdes y especias.
Además, producen un whisky blended de maíz, trigo pelón y centeno, llamado "Selección Barbieri ", que ofrece tonos afrutados y especiados, así como el primer Single Malt mexicano, elaborado con cebada malteada tostada.
Ciencia, tradición y respeto
Pero Maíz Nation va más allá del producto. Su destilería SolCraft, en las afueras de Oaxaca, funciona íntegramente con energía solar. Utilizan agua de lluvia captada y filtrada para todo el proceso y cuentan con un sistema de neutralización de vinazas que devuelve el agua al cauce con un pH neutro. Además, el subproducto resultante se utiliza como pienso y abono orgánico.
Este enfoque integral ha captado la atención internacional. Actualmente exportan a Estados Unidos, Francia, Dinamarca, Suiza y Austria, y pronto llegarán al Reino Unido. Incluso el whisky blanco, históricamente despreciado en mercados como el estadounidense, ha sido recibido con entusiasmo por barmans y expertos por igual.
El terruño líquido de México
En un momento en que el mundo empieza a mirar a México, no sólo por el tequila o el mezcal, sino también por su floreciente escena del whisky, Maíz Nation se posiciona como pionera en una nueva categoría: El whisky mexicano elaborado con maíz autóctono. Su filosofía se resume en cinco principios:
- Cero OMG
- Residuos cero
- 100% de trazabilidad
- 100% natural
- 100% a favor del campo
"El whisky que elaboramos no es sólo una bebida", dice Jonathan Barbieri. "Es un puente entre el campo y el vaso, entre la historia y el paladar, entre la resistencia cultural y la innovación".
Y a medida que más productores se sumen a esta nueva tradición con honestidad y respeto, el whisky mexicano seguirá escribiendo una historia que, como su maíz, brota de la tierra con fuerza, diversidad y dignidad.
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