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Por Alfredo Espinola
En el mundo del vino y los licores, cada detalle importa. Desde el origen de la uva o el agave hasta la forma de servir el producto final, cada eslabón de la cadena construye una experiencia. En este universo de matices y sutilezas, Kristalov, empresa mexicana fundada en 2000, se ha posicionado como líder en cristalería especializada. No es sólo un vaso, es un vehículo sensorial. Y ellos lo saben.
Un brindis con propósito
La historia de Kristalov comenzó con una visión clara: ofrecer al mercado mexicano cristalería de calidad, accesible y diseñada para realzar cada bebida. En aquella época, México experimentaba un auge en la producción de vinos y licores, pero la cristalería disponible no estaba a la altura. Fue Pablo Behar, fundador de la empresa, quien identificó este vacío y decidió llenarlo con conocimiento, pasión y tecnología. Hoy, sus copas -de cristal sin plomo e integradas con titanio- son un 50% más resistentes y están diseñadas para resaltar cada perfil aromático y de sabor.
Mucho más que un vaso
"El cristal no sólo es más elegante, sino también funcional", explica Rodrigo Huacuja, director comercial de la marca. A diferencia del vidrio, el cristal tiene propiedades únicas: es más poroso y sus cortes fríos permiten que el vino fluya correctamente hacia el centro de la boca. Esto, lejos de ser un detalle técnico, transforma la experiencia del consumidor.
Kristalov no se limita a vender copas, sino que crea experiencias a medida. Mediante alianzas estratégicas con sumilleres, enólogos, maestros tequileros y chefs, diseña copas específicas para cada estilo de bebida. Desde un tequila blanco hasta un robusto Pinot Noir, cada modelo es el resultado de profundos estudios de comportamiento organoléptico.
El vaso ideal existe, y tiene nombre mexicano
Uno de los mayores motivos de orgullo de la marca es su participación como patrocinador oficial en el Concurso Mundial de Bruselas, donde más de 300 jueces internacionales evaluaron los vinos en una copa desarrollada por Kristalov. "Fue increíble ver cómo la copa les permitía puntuar con más precisión. Ya no era sólo el vino, era la herramienta que les proporcionaba la información sensorial adecuada", afirma Rodrigo.
En total, la marca cuenta con 12 familias de copas que se adaptan a diferentes bebidas y momentos de consumo. Desde flautas para vinos espumosos, pasando por la copa universal de 520 ml, ideal para vinos blancos y tintos, hasta copas XXL de un litro diseñadas para vinos de guarda. También tienen modelos exclusivos para tequila, mezcal, whisky, cócteles y cerveza artesana.
Educación líquida
Uno de los pilares de la filosofía de Kristalov es la educación del consumidor y de la industria restaurantera. Con el apoyo de Canirac y el Consejo Mexicano del Vino, la marca ofrece formación gratuita sobre el correcto servicio del vino, el uso de la cristalería adecuada y cómo elevar la experiencia gastronómica desde la copa.
"Nos interesa capacitar a camareros, barmans, chefs y estudiantes. Cuanto más sepan, mejores decisiones tomarán en sus negocios", dice Huacuja. Incluso están desarrollando un curso digital gratuito para cualquier interesado, sea profesional o aficionado.
También hay vasos para cerveza
Aunque tradicionalmente la cerveza se ha servido en jarras o directamente de la botella, Kristalov busca promover una nueva cultura cervecera en México. Sus vasos especializados para IPA, Pilsner y cervezas de barril permiten apreciar mejor los aromas, texturas y evolución de cada bebida.
"Queda mucho por hacer en educación del consumidor", explica Rodrigo, "pero creemos que si damos a la cerveza artesana el lugar que se merece, la experiencia mejora, y con ella, las ventas para bares y productores."
La importancia del último paso
En palabras del director, "los productores invierten tiempo, dinero y pasión en crear un gran vino o licor. Si lo sirves en la copa equivocada, arruinas toda la experiencia". Y no es exageración: los aromas pueden desvanecerse, los sabores alterarse y el recuerdo diluirse en una copa que no esté a la altura.
Rodrigo Huacuja: de Apple al arte del vidrio
Rodrigo se incorporó a la empresa en plena pandemia, después de trabajar varios años en Apple. De la tecnología a la cristalería, en Kristalov encontró un mundo nuevo que, aunque muy diferente, también requiere atención al detalle, servicio al cliente y pasión por la experiencia. Hoy dirige la expansión comercial de la empresa con una ética clara: no vender por vender. "Prefiero recomendarte lo adecuado que venderte algo que no necesitas".
Para los apasionados del vino, la mixología o la buena vida, Kristalov es una invitación a elevar cada momento. Porque como dice el refrán, de la vista nace el amor... y en este caso, también el gusto.
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