El maestro mezcalero Jorge Ramírez, Flor de María Velázquez, y su hija Camila Ramírez Velázquez, propietaria de otra marca de mezcal llamada "Sabrá Dios".
Por Alfredo Espinola
Desde las montañas de Oaxaca, Flor de María Velázquez Mijangos desafió a un mundo dominado por los hombres para convertir a Yuu Baal en una digna representante del mezcal artesanal mexicano. Hoy, al frente de la Asociación de Maguey y Mezcal Artesanal (AMMA), su historia encarna la fuerza, la fe y las raíces de la tierra que la vio nacer.
En el mundo del mezcal, donde el fuego y la tierra conversan en silencio, una mujer aprendió a escuchar el lenguaje del agave. Flor de María Velázquez Mijangos, originaria de Miahuatlán de Porfirio Díaz, Oaxaca, creció entre cafetales y aromas de mezcal que acompañaban las conversaciones familiares.
"En mi casa siempre había mezcal; formaba parte de la vida. Mi abuelo lo ofrecía a sus amigos, se servía en las fiestas y en las despedidas. Siempre estaba ahí, como la tierra misma", recuerda.
Sin embargo, su destino en ese momento no parecía estar escrito entre los palenques. Estudiaba Relaciones Internacionales en la Universidad del Mar de Huatulco y soñaba con trabajar en una embajada o en una empresa transnacional. Pero el mezcal la estaba esperando. Durante sus prácticas en la Secretaría de Economía conoció a un joven maestro mezcalero, Jorge Ramírez, hoy su marido, que ya elaboraba mezcal. "Gracias a él me enamoré de este mundo".
Lo que empezó como curiosidad se convirtió en vocación. Pronto, Flor se adentró en los palenques, observando atentamente cada parte del proceso, pero aquel mundo tenía límites invisibles.
"Cuando iba con mi marido y quería entrar en el palenque, me decían que no podía, que era peligroso si estaba embarazada. Me sacaban y echaban chiles al horno para proteger la cocina, supersticiones que aún persisten en muchos palenques", cuenta.
En aquella época, Oaxaca seguía siendo un campo dominado por los hombres.
"En las reuniones, casi siempre era la única mujer. Era difícil para una mujer expresar su opinión o tomar decisiones, pero aprendí a hacerme oír", subraya con orgullo.
El nacimiento de Yuu Baal
La marca Yuu Baal (tierra y fuego) en zapoteco nació como un equilibrio entre lo masculino y lo femenino, entre las raíces y la pasión. "Simboliza la armonía entre dos fuerzas; cuando ambas coexisten, surge la perfección", explica.
Cuando Flor asumió un papel activo en la empresa familiar, su primer reto fue consigo misma, dejando atrás la idea de un trabajo seguro y abrazando la incertidumbre del espíritu empresarial. Posteriormente, fue transformar un negocio familiar que vendía mezcal a granel en una marca con presencia internacional. "No quería quedarme en lo local, quería exportar".
Su apuesta dio resultado. Mientras Jorge producía, Flor pensaba a lo grande. "Le dije: 'Voy a exportarlo'". Muchos decían que era imposible, pero ella decidió intentarlo, y en 2026 realizó su primera exportación. Desde entonces, Yuu Baal ha llegado a mercados como Estados Unidos, Canadá, España, Italia, Francia, Brasil, Filipinas y Corea. "Fui embajadora de mi propia marca; la primera exportación se cerró en Facebook".
En la actualidad, Yuu Baal cuenta con diez etiquetas: Espadín, Madrecuixe, Tepetate, Tobalá, Ensamble Navideño, Reposado, Añejo, Botánico, entre otras. Cada una es una expresión única del territorio y del arte de hacer mezcal.
Mezcal y comunidad, una historia compartida
Para Flor, el mezcal no es sólo un producto; es comunidad, es familia. "Nuestros importadores no son clientes, son la familia de Yuu Baal", afirma. Su visión siempre ha sido colectiva. Desde el principio, animó a sus colegas a creer en sí mismas como empresarias, a convertirse en profesionales, a romper con el machismo velado que aún persiste en el sector.
"Si tienes una marca, pagas impuestos, generas empleo, creas una cadena de producción, ya eres empresario", les dijo. Hoy, muchos de esos amigos exportan a Alemania, Canadá y Chile. "El éxito de una persona es el éxito de todos", dice.
Una pareja, un incendio
Flor y Jorge no son sólo compañeros, son compañeros de vida. Tras 25 años de matrimonio, "la gente nos pregunta si nos cansamos de estar todo el día juntos, y yo les digo que no". Han aprendido a reconocer sus puntos fuertes: él es más tranquilo y numérico; ella, más intensa y fuerte. Esa dualidad ha sido su fuerza.
"Cuando un cliente trabaja con nosotros, acaba formando parte de la familia Yuu Baal. No somos meros productores; somos anfitriones de nuestra tierra. Me gusta ser transparente. Si el mezcal tiene una historia, hay que contarla tal y como es", añade.
Del palenque a la certificación
El viaje de Flor la llevó más allá de su propia marca. En 2014, junto con otros productores oaxaqueños, fundó la Asociación de Maguey y Mezcal Artesanal (AMMA), una organización creada para fortalecer a los pequeños productores y certificar la autenticidad del mezcal artesanal.
"Éramos catorce locos que queríamos comprar botellas a granel para que fueran más baratas. Así empezó todo [risas]. Pero cuando nos enfrentamos a problemas de certificación, decidimos crear nuestra propia organización."
Hoy en día, AMMA es uno de los cinco organismos nacionales de certificación con un enfoque diferente: acompañar al productor desde el campo hasta el mercado.
"Muchos no se certifican porque es caro o complicado. Nosotros les ayudamos a hacerlo y también les damos herramientas para entender su negocio: cómo cuesta un litro de mezcal, cómo crear una marca, cómo contar su historia. Una etiqueta es tu primera oportunidad con el cliente; debe reflejar quién eres", explica.
La AM MA también promueve el sello verde ASAMMA (Atributos Sostenibles de la AMMA), que fomenta la sostenibilidad de los palenques, la siembra de maguey en policultivo, la protección de la fauna silvestre, la reforestación con especies endémicas y la conservación del suelo y el agua.
"Si no cambiamos nuestras prácticas, vamos a cavar nuestra propia tumba. El mercado internacional ya exige sostenibilidad; si no eres sostenible, no entras", advierte Flor.
Flor fue elegida presidenta de la AMMA en un territorio que sigue estando profundamente dominado por los hombres.
"Dicen que son tiempos de mujeres, pero no es cierto. Sigo enfrentándome a la exclusión. Hay actos a los que no me invitan, o me invitan por obligación. A veces publican las fotos oficiales y me borran. Pero no tengo miedo. Si algo me distingue es que no me callo", afirma.
Su voz se ha convertido en un referente entre mujeres productoras, maestras mezcaleras y jóvenes que la ven como ejemplo. "Muchas se me acercan y me dicen: 'Licenciada, verla a usted me da esperanza... eso me llena, aunque sé que falta mucho por hacer'".
Flor reconoce que el empoderamiento femenino debe construirse sobre el respeto mutuo, no sobre la confrontación. "No quiero ser el hombre de la familia; quiero que se reconozca que yo también puedo representar, decidir y construir".
Paradójicamente, dice que a veces las personas que más la han criticado son otras mujeres. "Hablamos de sororidad, pero hay quien baja del escenario y pregunta: '¿Por qué han invitado a esa vieja? No se trata de quitarle nada a nadie, sino de celebrar cuando una de nosotras llega. Si yo estoy aquí, es por todas".
El espíritu del mezcal
Para Flor, el mezcal artesanal es más que una bebida, es un legado. "Cada lote es único. No hay homogeneización, no hay repetición. Es el alma del maestro, de la tierra, del clima. Somos los guardianes de una herencia que viene de nuestros abuelos".
Por eso defiende el equilibrio entre tradición y expansión, "podemos crecer, pero sin perder el alma. Un palenque artesanal puede producir más, sí, pero sin dejar de respetar los tiempos y los procesos. La tierra nos da, pero también nos quita".
Su visión va más allá del negocio: "El mezcal es comunidad; no es el organismo de Flor, es el del sector. Entre mezcaleros nos conocemos, nos saludamos. Hay quienes quieren dividirnos, pero al final, somos familia. Entre gitanos, no nos leemos las palmas".
"El mezcal artesanal no se fabrica, se crea; es tiempo, tierra y manos humanas. Esa esencia es la que nos conecta con la tradición y con nosotros mismos", añade Flor.
El futuro: mezcal con raíces y conciencia
Cuando se le pregunta cómo imagina el futuro del mezcal artesanal dentro de 20 años, responde sin dudar:
"Dependerá de las decisiones que tomemos hoy. Si trabajamos desde la sostenibilidad y la autenticidad, el mezcal artesanal será reconocido en todo el mundo como símbolo de la identidad cultural mexicana."
El camino no será fácil; la expansión desmedida amenaza la biodiversidad del maguey y la esencia del oficio, pero Flor confía en la conciencia de las nuevas generaciones. "Habrá mezcales comerciales, claro, pero también habrá quienes mantengan viva la obra del maestro, la expansión de su comunidad. Queremos estar ahí".
Al final, su historia es la de una mujer que unió fuego y tierra; amor y carácter; tradición y modernidad. "La gente siempre me pregunta qué pasaría si lo perdiera todo. Yo les digo que nada, porque vengo de la nada. Y sé cómo volver a levantarme, como el maguey, mientras haya raíces, volverá a brotar".
Entre magueyes y recuerdos, el brindis final que lo dice todo
Antes de despedirnos, invitamos a Flor a imaginar una conversación entre Flor y Jorge de ayer con quienes son ahora. Ella enfatizó que no habría discursos, sólo miradas de reconocimiento y gratitud por esos sueños intactos y dudas que, aunque hayan dejado cicatrices, también han dejado certezas.
No hay duda de que Yuu Baal ha sido testigo de su historia, como si dijera: "Soy el mezcal que ha venido hoy a alegrarte la tarde, la noche. He venido a revelarte quién eres hoy y cómo has llegado hasta aquí", añade Flor.
No cabe duda de que Flor lo apostó todo, no sólo por el éxito, sino también por la fidelidad a sus raíces; supo invertir amor en el legado, lo que se refleja en cada gota de Yuu Baal, que transmite el equilibrio entre la tierra y el fuego.