Sunora Bacanora se presenta en cuatro variedades.
Por Alfredo Espinola
Rubén Rafael López Hernández nació en Ciudad Obregón, Sonora. Su vida dio un giro a los cuatro años, cuando su familia emigró a Estados Unidos en busca de un futuro mejor. Allí creció, lejos de la tierra que lo vio nacer y, paradójicamente, también lejos de la bebida que hoy da sentido a su historia: Bacanora.
"Hasta 2016 no sabía nada de Bacanora", confiesa. Tras una conversación con su tío, director del Consejo Regulador de esta bebida, se encendió la chispa. "Me dijo: 'Queremos ponernos al día con el tequila. Si hay alguien dispuesto a ayudar, hagámoslo en serio'. Y pensé en mi gente, en los migrantes que se quedaron atrás, en la necesidad de crear empleos en México. Así empezó todo".
Rescatar una tradición olvidada
El bacanora no es una moda reciente; tiene más de 300 años de tradición. Se cree que tiene su origen en el pueblo Ópata, que fermentaba el agave silvestre mucho antes de que los misioneros españoles les enseñaran a destilarlo. A finales del siglo XIX, este aguardiente sonorense se exportaba incluso a Europa.
Pero en 1915, el general Plutarco Elías Calles prohibió su producción y venta, por considerarla una bebida "para la gente de la sierra". La industria quedó reducida a la clandestinidad durante casi ocho décadas, hasta que en 1992 se levantó la prohibición. Aunque el camino no ha sido fácil, años después, en 2005, se concedió la Denominación de Origen.
El agave angustifolia, conocido en la región como agave pacífica, tarda entre 8 y 15 años en madurar y requ
ires costosos sistemas de riego en un territorio árido. "La gente de la sierra tiene la voluntad, pero no siempre los recursos para poner en marcha la industria", explica Rubén.
De la oscuridad a los premios internacionales
Cuando Rubén y su equipo empezaron en 2017, el paisaje estaba casi virgen. "Fuimos a un restaurante en Hermosillo y pedí bacanora. El mesero me dijo: 'No tenemos'. Imagínate, en Sonora, la tierra del bacanora, no había ni una botella", cuenta.
Por aquel entonces, Rubén fundó Missing Link Spirits LLC y empezó a trabajar en lo que hoy es la marca Sunora. Junto con socios locales, construyó una moderna destilería y empezó a distribuir en México y Estados Unidos. "Tenemos un añejo de 42 grados y tres cremas: piña colada, moca y nuez", explica orgulloso.
La aventura ha dado sus frutos. Sunora ya está disponible en nueve estados de EE.UU. y en ciudades como Guadalajara, Ciudad de México y, por supuesto, en todo Sonora. Además, sus etiquetas han ganado medallas en concursos internacionales como el San Francisco World Spirits Competition, donde el licor de crema de nuez ganó doble oro.
Entre tradición y modernidad
Rubén sabe que el reto es doble: rescatar una bebida cargada de historia y, al mismo tiempo, posicionarla en un mercado dominado por el tequila y el mezcal.
"Es como las tortillas de maíz, las mismas manos, los mismos ingredientes, pero cada uno les da un toque diferente. Lo mismo ocurre con el bacanora: la tierra, el clima, la madera que utilizamos para cocer la piña... todo le da su propia personalidad", explica.
Su fórmula combina técnicas modernas con procesos tradicionales, desde la fermentación en depósitos de madera hasta el uso de madera de mezquite y nogal para dar carácter al destilado.
El reto de conquistar paladares
Aunque el mercado estadounidense es uno de los más prometedores, también presenta grandes retos. "El tequila ya forma parte de la cultura estadounidense. Convencer a alguien para que incluya el bacanora en su menú requiere educación, degustaciones y una promoción constante", explica Rubén.
Añadió que experiencias como la del Hotel Waldorf Astoria de Los Cabos, donde formaron a todo el personal para introducir su añejo, confirman que la apuesta merece la pena.
Orgullo y legado
Para Rubén, el bacanora no es sólo un negocio, es una forma de devolver algo a la tierra que le vio nacer. "Es un orgullo cuando alguien prueba nuestro producto y dice: 'Me gusta, voy a comprar una botella y compartirla con mis amigos'. Para Sonora, significa rescatar una tradición; para México, añadir otro aguardiente de alta calidad a nuestra riqueza cultural."
Hoy mira al futuro con optimismo y cree que en cinco años el bacanora podría alcanzar el reconocimiento que hoy tiene el mezcal. "No se trata de reinventar la rueda; otros destilados ya han allanado el camino. Hay que recorrer ese camino con perseverancia", reflexiona.
Rubén compartió un recuerdo con nosotros: cuando logró colocar su producto en Costco, "fue como ganar la Serie Mundial", dijo, sonriendo al reconocer que "todo el esfuerzo ha valido la pena...". Para mí, bacanora significa orgullo; orgullo de Sonora, orgullo de México y orgullo personal. Es un legado que quiero compartir con el mundo".
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