Por Alfredo Espinola
En el corazón de la región de Altos de Jalisco, donde históricamente se cultivaba maíz para alimentar al ganado, ahora brotan vides que cuentan una historia diferente. Altos Norte Vinícola es el primer viñedo y bodega de Jalisco en obtener la certificación orgánica en México y Estados Unidos, un proyecto que honra la tierra y desafía audazmente la tradición.
Ubicado en la Hacienda San José del Tepozán, en Encarnación de Díaz, entre San Juan de los Lagos y Lagos de Moreno, este viñedo toma su nombre de la región que vio su nacimiento: los Altos Norte. Un nombre que también implica una responsabilidad: expresar con autenticidad el carácter de Jalisco en cada botella.
Una pasión que germinó en 2016
A partir de la pasión por el vino y el amor por la tierra heredados de sus antepasados, José Vega Villalobos y Karim Hernández fundaron el viñedo en 2016. Comenzaron con media hectárea de Tempranillo y Cabernet Sauvignon; tres años más tarde, añadieron tres hectáreas y media de Albariño y Malbec. Hoy en día, hay cuatro hectáreas plantadas con vides francesas Mercier y Richter, cultivadas bajo una filosofía de profundo respeto por el medio ambiente.
El proyecto forma parte de una visión agroecológica que comenzó en 1994, cuando se inició la restauración de la propiedad bajo un modelo agro-silvo-pastoral. Desde entonces, la coherencia ha sido el eje central: viticultura regenerativa, suelos vivos, cero herbicidas, cero productos sintéticos. El viñedo cuenta con el asesoramiento de Branko Pjanic, de Cava Garambullo.
Vinos vivos, sin maquillaje
En Altos Norte, la intervención es mínima y la confianza en la naturaleza es absoluta. La fermentación es espontánea, gracias a las levaduras silvestres presentes en el viñedo. Los vinos no se filtran, clarifican, estabilizan ni sulfitan. No se añade nada, no se quita nada.
El suelo alcalino y las condiciones climáticas de la región han demostrado ser ideales para la producción de vinos espumosos, un estilo en el que la bodega se especializa.
Zafado: el orgullo de atreverse
Bautizaron su método ancestral de vinos Pet Nat con el nombre de ZAFADO. El nombre proviene de una anécdota familiar: un tío llamado José Miguel «zafado» (un poco loco) cuando decidió plantar viñas en un rancho históricamente dedicado al maíz. Por decir que haría vino. Por imaginar vinos espumosos en una tierra que nadie asociaba con las burbujas.
Hoy en día, ZAFADO es un manifiesto: hay que estar un poco loco para perseguir tus sueños.
Se fabrica en tres versiones:
- Zafado Rosado (Tempranillo y Malbec)
- Zafado Naranja (Albariño)
- Zafado Tinto (Cabernet Sauvignon y Malbec)
Cada vendimia se decide en función de la madurez y la acidez: el vino no responde a un calendario comercial, sino al pulso del año. José Vega Villalobos, ingeniero civil de formación, enólogo por vocación y autodidacta, con estudios en la EVA (Escuela de Vino del Altiplano), interpreta la vendimia como quien traduce una lengua antigua.
Bruto: la pureza como bandera
Si ZAFADO es impulso, BRUTO es moderación.
Vinos espumosos elaborados según el método tradicional, con una segunda fermentación en botella, que toman su nombre como metáfora: bruto no es áspero, es lo esencial antes de lo pulido.
Se han producido tres ediciones:
· Bruto Tempranillo 2021
Medalla de Oro en la Selección México del Concours Mondial de Bruxelles, celebrada en Parras, Coahuila (2022). Fue la primera medalla de oro para un vino de Jalisco en el concurso.
· Bruto Albariño 2022
Gran Medalla de Oro y Revelación Espumosa en la Selección México del Concours Mondial de Bruxelles, Yucatán 2023. Un reconocimiento histórico para la primera cosecha de Albariño del viñedo.
· Bruto Cero (2024)
Método tradicional Albariño, Brut Nature, sin azúcares residuales y sin dosificación. Actualmente en el mercado, incluso incluido en el menú degustación de Quintonil.
Cada botella se somete a dos fermentaciones, pero con un único objetivo: la pureza.
De la universidad a su propia bodega
Los primeros vinos tranquilos (2018-2020) se elaboraron en el Centro de Valor de la Universidad Tecnológica del Norte de Aguascalientes. A partir de 2021, la elaboración de vinos se trasladó a su propia bodega en Jalisco, donde comenzaron a producir vinos espumosos con fermentaciones espontáneas.
En 2025, ampliaron sus horizontes con una sidra de manzana elaborada con métodos tradicionales, en colaboración con un productor ecológico cercano a Cofre de Perote.
Crecimiento consciente
Actualmente producen alrededor de 7000 botellas al año, con el objetivo de alcanzar las 18 000 en los próximos tres años. Exportan a Estados Unidos y forman parte del Consejo Mexicano del Vino, la Asociación de Viticultores de los Altos de Jalisco (de la que José Vega es presidente) y la Asociación de Viticultura Regenerativa, con el fin de obtener la certificación RVA (Regenerative Viticulture Alliance).
La tierra como legado
Altos Norte no es solo una bodega: es un acto de coherencia. En un mundo cada vez más degradado, su compromiso es claro: devolver a la tierra lo que ella nos da. Trabajan con suelos vivos que aportan riqueza microbiológica a las uvas y un sentido de pertenencia a los vinos.
De cara al futuro, el sueño es consolidar la Ruta del Vino Altos de Jalisco y mostrar al mundo la tradición cultural y el potencial enogastronómico del estado.
Porque sí, hay que estar un poco loco para plantar viñedos donde antes solo había maíz. Pero también se necesita visión para convertir esa osadía en historia.