Halina Gama, Rodrigo Ibarra Lozano y Eugenio Parrodi
Por Alfredo Espinola
En el corazón de Querétaro, donde los días de otoño se tiñen de oro y el aire lleva un aroma a uva madura, el vino vuelve a ser motivo de reunión del 17 al 19 de octubre en la Plaza Gran Cue del municipio de Corregidora, que se transformará en escenario para celebrar la quinta edición del Festival del Vino de Querétaro, un evento lleno de aromas, historias y sueños que fermentan entre los viñedos del altiplano.
Bajo la sombra de la pirámide de El Pueblito, uno de los símbolos más antiguos y emblemáticos del estado, 35 viñedos pertenecientes al Clúster Vitivinícola de Querétaro compartirán con el público más de 300 etiquetas. Habrá catas, talleres, conferencias y exposiciones, pero sobre todo, la oportunidad de saborear lo que esta tierra ha aprendido a cultivar con paciencia y orgullo.
"Querétaro se ha consolidado como el principal destino vitivinícola del país", dijo Rodrigo Ibarra, director de Promoción Turística.
Durante la conferencia de prensa celebrada en Punto México, en la Ciudad de México, en representación de la Secretaria de Turismo, Adriana Vega Vázquez Mellado, destacó que la Ruta del Arte, Queso y Vino se ha convertido en el producto turístico insignia del estado, atrayendo a más de 1.2 millones de visitantes cada año y generando una derrama económica de más de 4 mil millones de pesos.
El festival llega también en un momento simbólico, el final de la temporada de vendimia. "Es un escaparate de la riqueza vitivinícola de Querétaro", explica Eugenio Parrodi, presidente del Clúster del Vino. "Aquí confluyen los proyectos que le han dado alma a nuestro vino, con actividades que fortalecen tanto la parte técnica como la experiencia del visitante".
La primera jornada estará dedicada a talleres especializados para enólogos, un espacio de aprendizaje que pone de relieve el espíritu de comunidad entre quienes trabajan la uva. Después, las copas se abrirán al público entre charlas, maridajes y música, convirtiendo el festival en un viaje sensorial.
Desde su primera edición en 2019, el festival ha buscado ofrecer algo más que vino; ha querido acercar al público el origen, las caras y las manos que hay detrás de cada etiqueta. En cada stand, los visitantes pueden hablar directamente con enólogos, agrónomos y productores. Esta cercanía es el alma que distingue al evento.
Halina Gama, directora del Cluster, recordó que Querétaro es actualmente la zona vitivinícola más importante de México, con 700 hectáreas plantadas, de las que el 80% se destinan a la producción de vino. Cada año se producen aquí tres millones y medio de botellas, y el estado lidera la producción y exportación de vino espumoso elaborado con métodos tradicionales. Sus burbujas viajan a Estados Unidos, Asia y Europa, y cada botella lleva una chispa del sol de Querétaro.
En esta ocasión participarán restaurantes como Ruinas de Puerta de Lobo, Olivo Tinto, Flor de Alfalfa, Cocina de Campo y Casa Cocheros, además de las queserías Rancho Santa Marina, La Biquette, La Grande Chèvre y Cava Bocanegra. A la lista se unen 16 artesanos de Corregidora y talleres tradicionales, como el de máscaras y atrapasueños de Baltazar, así como actuaciones artísticas que van desde el flamenco al mariachi.
"Un retrato sensorial del Querétaro contemporáneo", dijo Halina.
Más allá de las cifras, el festival rinde homenaje a una tradición que se ha arraigado en las mesas y recuerdos de los visitantes. La Ruta del Arte, Queso y Vino, que recorre los municipios de El Marqués, Santa Rosa Jáuregui, Colón, Ezequiel Montes, Bernal y Tequisquiapan, es ya una experiencia cultural en sí misma, que muestra paisajes, sabores y artesanías que cuentan la historia de una región en pleno florecimiento.
Así, entre copas y sonrisas, la V Fiesta del Vino Queretano se perfila como una gran celebración de la identidad, el talento y la comunidad; un encuentro donde el vino deja de ser sólo una bebida para convertirse en un puente entre generaciones, artes y sueños.